Podcast Encuentros con Juan Luis Higuera: Neuroarquitectura
¿Qué es la neuroarquitectura? ¿Cómo se implementa? ¿Cuánto cuesta? ¿se puede aplicar a posteriori en un proyecto? ¿Existe algún proyecto que haya utilizado neuroarquitectura?
A todas estas preguntas y muchas más nos responde Juan Luis Higuera Trujillo, arquitecto e investigador del Laboratorio de Neuroarquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia.
En la conversación hablamos de un estudio. Puedes encontrarlo aquí
A continuación os ofrecemos un resumen de la charla, para que tengáis una orientación sobre el contenido.
Neuroarquitectura: qué es y por qué importa más de lo que crees
En los últimos años, la palabra Neuroarquitectura ha ganado protagonismo en medios, redes y discursos de diseño. Pero, ¿sabemos realmente de qué estamos hablando cuando usamos este término? ¿Es una moda más o una herramienta con verdadero rigor científico? Para responder a estas preguntas, en Distrito HM conversamos con Juan Luis Higuera, arquitecto e investigador del Laboratorio de Neuroarquitectura de la Universidad Politécnica de Valencia.
¿Qué es la Neuroarquitectura?
La neuroarquitectura es, en esencia, la aplicación de la neurociencia y la psicología ambiental a la arquitectura con el fin de diseñar espacios que mejoren el bienestar, la atención, la memoria o la creatividad de sus usuarios. A pesar de su nombre atractivo, no se trata de un estilo, ni de una corriente decorativa. Es una disciplina científica en desarrollo que busca entender cómo los espacios influyen en el comportamiento y la salud mental de las personas.
La trampa del “neuro” y la moda sin base
Higuera fue claro: hoy en día, se abusa del término neuroarquitectura en contextos donde no corresponde. No existe, por ejemplo, ninguna obra certificada como de neuroarquitectura. Tampoco hay una única metodología estándar, y los estudios serios requieren años de investigación para determinar cómo variables como el color, la luz o el sonido afectan al usuario.
Aun así, muchas empresas y profesionales se apropian del término sin conocimiento riguroso, simplemente por su poder comercial. Esto perjudica tanto a la disciplina como al usuario, que podría estar tomando decisiones basadas en promesas sin fundamento.
¿Dónde se aplica hoy la neuroarquitectura?
Si bien aún no hay edificios “neurocertificados”, sí se están dando pasos importantes para validar espacios según cómo afectan al bienestar de los usuarios. Por ejemplo, en su laboratorio, Higuera y su equipo han investigado cómo diferentes iluminaciones afectan a estudiantes con o sin TDAH, o cómo la decoración excesiva de las aulas puede perjudicar la concentración.
La neuroarquitectura también se ha aplicado en estudios sobre salas de espera pediátricas, donde se ha comprobado que estímulos no visuales como el sonido o el aroma pueden reducir el estrés más que un rediseño estético.
¿Es posible aplicarla fuera del laboratorio?
Sí, pero con matices. Existen dos vías:
- Aplicación experimental: ideal pero costosa y lenta. Implica estudios de laboratorio con análisis controlado de variables.
- Aplicación basada en literatura científica: más accesible para diseñadores y arquitectos. Consiste en consultar estudios publicados para fundamentar decisiones de diseño.
De hecho, recurrir a estudios existentes es una forma asequible y viable de incorporar la neuroarquitectura al diseño profesional sin necesidad de montar un laboratorio.
¿Dónde hace más falta la neuroarquitectura?
Aunque todo espacio es susceptible de mejora, hay entornos donde el impacto puede ser crucial. Higuera destaca especialmente los espacios públicos y sociales como hospitales, escuelas o edificios de vivienda colectiva. Allí, el diseño basado en neuroarquitectura puede mejorar significativamente la experiencia de muchas personas a lo largo del tiempo.
Conclusión: con rigor o nada
La neuroarquitectura no es magia, ni marketing. Es una ciencia en construcción que, bien aplicada, puede transformar radicalmente la forma en que concebimos los espacios. Pero para que su impacto sea real, debe basarse en evidencia científica y no en modas pasajeras.
Diseñar con conciencia del efecto que los entornos tienen sobre nuestra mente y emociones no solo es deseable, es necesario. Y si queremos espacios que de verdad nos hagan sentir mejor, la neuroarquitectura es el camino… siempre que la tomemos en serio.
