Festival de luz Umbra: Vitoria a la velocidad de la luz
Las ciudades son como las personas. Con algunas nunca consigues sintonizar, a otras necesitas conocerlas para apreciarlas y con pocas, las amas desde el momento que las conoces. Vitoria es de las últimas.
Este transeúnte no necesitó muchos pasos para sentir que pertenece a esa tierra, y que podría trasladar su residencia a cualquiera de sus calles y ser enormemente feliz desde el primer día.
Si por lo menos hubiera algo que hacer durante las noches más oscuras del año… ¡Un momento!os presentamos Umbra Light Festival, el festival de iluminación temporal que ha tenido lugar del 6 al 8 de Febrero (spoiler: es anual, así que el año que viene puedes sumarte a la fiesta).
Perdona la insistencia pero quiero que entiendas lo trascendente que es para la ciudad: normalmente a media tarde estarías buscando algún sitio para cenar y volverte a casa o al hotel. Pero durante ese fin de semana, al caer el sol, nace la luz. La gente sale de sus casas, pasea, comenta, se encuentra con vecinos o incluso organiza grupos para visitar cada una de las instalaciones.
Probablemente te sorprenderá saber esto, pero durante ese fin de semana, gracias a un festival de luz, la ciudad ahorra energía. Como te digo, la gente sale de casa, se apagan televisiones, luces, calefacciones. Se apagan calles para que todo se vea bien y la arquitectura de la luz sea la protagonista. Se detienen transportes públicos y los tranvías vuelven a sus hangares hasta el día siguiente.
La gente se echa a la calle, los restaurantes y bares bullen, los turistas aprovechan la monumentalidad de formas que no sospechaban…
Luz que une, festival que teje.
¿Te imaginas que durante tres días haya una gymkana en una ciudad donde propios y extraños descubran los monumentos de una forma totalmente nueva… y perecedera? Lo que se vive en esos días no se volverá a vivir nunca.
Acabarás moviéndote por la ciudad como un nativo gracias a que las instalaciones te harán poner nombre, ubicación y fachada a los edificios que contiene.
Catedrales, iglesias, colegios, palacios, calles… hasta 17 instalaciones en diferentes puntos de la ciudad que permiten que propios y extraños crucen caminos en un ir y venir cultural. Es cierto que la ciudad ayuda. Pocas pendientes se interponen en las rutas y eso hace que sea sencillo transitar por la amplia Vitoria.
Historia, luz, vida, comunidad, amor. Un festival de luz gratuito que da la bienvenida tejiendo relaciones entre la gente y los edificios, reinventándolos y mostrando nuevas facetas. Además, no es sesudo, profundo, intelectual (al menos no solo, cada uno puede llevarlo al nivel que desee).
Hay instalaciones exteriores, interiores, lúdicas, pedagógicas, abstractas, figurativas, hipnóticas, psicodélicas… como en los buenos menús, hay algo para todo el mundo.
Es enternecedor ver a familias recorrer los puntos y escuchar las conversaciones que desatan, las preguntas que responden, y saber que, al igual que le pasa a este transeúnte, muchas no salen del interior. Forman parte de un diálogo secreto entre la luz y nuestro ser, que nos descubre partes de nosotros que no conocíamos o que habíamos enterrado… cierto, en las sombras.
Sería fácil citar algunas de las que más nos gustaron, pero sería injusto y parcial, porque todas tenían su momento.
Es maravilloso saber que lo que la luz ha unido será lo que me vuelva a llevar a Vitoria, solo que ya no la veré con los mismo ojos.
He podido acudir a Umbra gracias a la invitación a través de iluminet.com, con la que llevo muchos años colaborando. Así que agradecimiento sincero a ellos, y a la organización de Umbra que estuvo pronta a resolver cualquier duda o problema que pudiera tener.
Hasta el año que viene… unidos por la luz.
Escucha el podcast con Carlos Torrijos y José Vaaliña: